Historia y leyenda en la joya de Samarcanda

Como nos recuerdan desde Open Comunicación, Samarcanda ha recibido a lo largo de la historia definiciones como el “centro del universo”, el “espejo del mundo”, “la perla de Este”, la “joya del Islam”… Situada en el oasis del borde oriental del desierto de Kyzylkum, ha celebrado recientemente los 2.750 años desde su fundación, lo que la convierte en uno de los lugares poblados de forma continuada más antiguos del mundo, además de en capital cultural del Islam.

Históricamente, sufrió asedios y destrucciones, como los  de Alejandro Magno, quien antes de arrasarla en el 329 dijo que todo lo que había oído de Marakanda (su antiguo nombre en griego) “es cierto, excepto que aún es más bella de lo que imaginaba”. Detrás de él lo harían los chinos y persas; serían los árabes en el siglo VIII los que le dieran impulso, antes de volver a caer en manos de turcos, árabes, samánidas, qarajánidas, de nuevo turcos selyúcidas, mongoles…  y que Gengis Khan la destruyera otra vez.

Por fin, en el siglo XIV, el guerrero -y protector de las artes- Tamerlán (Amir Temur) la convirtió en capital de Uzbekistán y de Asia Central. Marco Polo la recorrió, atraído por su lujo y sus 40.000 jaimas , y hoy el viajero veneciano sigue siendo uno de los iconos permanentes en Samarcanda y todo Uzbekistán.

La Samarcanda mítica

Por eso, el viajero que elija Samarcanda como destino, dejará en seguida los hoteles y restaurantes más modernos para encaminarse a la plaza Registán, considerada la más bella del mundo. Antiguamente convergían las seis principales calles de la ciudad y en ella se alzan tres edificios grandiosos que albergaban “madrazas”, donde se estudiaba matemáticas, astronomía, teología y filosofía ya en 1.420.

Estas madrazas (Ulugh Beg,  Sherdar y Tilla-Kari) , de acuerdo a la misma fuentes, son “las más antiguas y mejor conservadas del mundo”, gracias “en buena parte al tesón de los soviéticos que supieron rehabilitarlas con maestría tras numerosos terremotos”.

Otra visita para el viajero que se decante por Samarcanda es la Mezquita de Bibi Khanum, nombre de la esposa favorita de Tamerlán; la historia (o leyenda) cuenta que éste la despeñó desde el minarete tras descubrir que había besado al arquitecto que la construyó. Con su portal de entrada de 38 metros de altura y una de las cúpulas con más de 40, es una de las mayores de Asia Central y de todo el mundo islámico.

Completamos el recorrido con un paseo por la Avenida de Shah-i-Zinda (Tumba del Rey Viviente) una necrópolis repleta de mausoleos, en la que está el santuario de Qusan ibn Abbas o la tumba del famoso astrónomo Kazy Zadé Roumi. Al final del camino entre los mausoleos, el complejo se abre hacia el cementerio principal de Samarcanda. Se considera que la tumba más hermosa es Shodi Mulk Oko (1372), lugar de descanso de una hermana y sobrina de Tamerlán.

En el terreno gastronómico, el plato tradicional es “el Plov”, que según la citada fuente tiene hasta 60 variantes y se prepara con carne de cordero mezclada con arroz y acompañada de cebolla, zanahoria, pasas y especias como el comino y el cilantro. Acompañado además de Samsá, empanadillas cocidas en horno de barro con diferentes rellenos de carne picada con cebolla, calabaza, patatas o verduras.

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Fuente: EFETUR, Agencia EFE.


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