El orgullo friki viajero… también existe

Dicen los entendidos que ahora lo que se lleva no son los viajes, sino las “experiencias”. Y a partir de esa premisa lo que antes se resolvía viendo el catálogo de viajes por continentes, ahora es casi una tarea ímproba conocer todas la propuestas, ideas, recomendaciones o paquetes vacacionales capaces de adaptarse a los gustos, aficiones o filias del turista.

Un friki-viaje por el mundo

Un ejemplo. Si eres adicto a Master Chef, ya has probado las clases de cocina de tu ciudad y has exprimido Netflix y sus documentales sobre alimentos exóticos y probar sabores nuevos es lo tuyo… pues te vas a Tailandia a recibir una inmersión en su cultura culinaria, que es un motivo tan válido como cualquier otro para coger un avión. O varios.

Hay propuestas de dos semanas viajando, viendo y degustando comida tailandesa in situ, además de aprendiendo a prepararla con cocineros locales. Una de las más reconocidas recorre Bangkok, Ayutthaya, Chiang Mai y Krabi, y lo mismo te llevan a conocer un mercado local para elegir bien los ingredientes que ves elefantes en la selva o recoges verduras de una huerta ecológica. Ah, y se puede uno apuntar solo, y sin pagar suplemento. Ya no hay excusas.

Camarera en el Paintbar en Bangkok (Tailandia). Foto: EFE/NARONG SANGNAK

Igual que no hay excusas por tener que viajar en familia. Si eres de los que lees a los niños a la hora del baño, de la cena o antes de dormir y sus amiguitos preguntan que por qué hay libros en el baño, esta es la propuesta perfecta. Lo llaman “Erase una vez…” y permite hacer una ruta por los cuentos de los Hermanos Grimm en Alemania. Frikitrip lo organiza y logra que en seis días se conozcan el castillo de la Bella Durmiente, la torre de Rapunzel, los músicos de Bremen y la ciudad de Hamelín, además del museo sobre los Hermanos Grimm. Y para rematar el cuento, una gymkana para poner a prueba lo que se haya aprendido en el viaje, no sea que nos confundamos con la manzana envenenada y nos equivoquemos de final feliz.

Si nos va más el relato interior, es posible meditar y hacer yoga en exteriores, interiores, casas rurales, balnearios, casas de retiro… Pero si además de preocuparnos por el espíritu no perdonamos una buena fiesta a bordo existen los cruceros de yoga, que alternan las visitas turísticas con los puertos de desembarco con las clases en cubierta, los tratamientos de belleza o los amaneceres para meditar… Los hay superespecializados en acroyoga, yin yoga, yoga rocket y partner yoga. Para relajarse y lograr fuerza interior y física.

Una mujer haciendo yoga. Foto. Pexels

Una mujer haciendo yoga. Foto. Pexels

Pero hay quien se relaja aprendiendo a fabricar lana. Y si a uno/a le gusta, ¿por qué no va a combinarlo con la pasión viajera y, pongamos por ejemplo, conocer las técnicas tradicionales de producción y tintado en Escocia? Porque se puede. Tanto, que hasta están a punto de agotarse las plazas para un viaje que se autodescribe así:  “Aprende o mejora tus habilidades mientras te alojas en una cómoda casa de campo en las Tierras Altas de Escocia con un pequeño grupo de invitados afines”.

La idea es acercase a poco más de 15 kilómetros del Lago Ness y ver desde cómo esquilan a las ovejas Shetlan hasta cómo clasifican y lavan el vellón y lo tiñen. El resultado es que el turista, entre recorridos por las cascadas de Plodda y la cañada Glen Affric, va fabricando y tintando su propia lana de la mano de una “experimentada y paciente” profesora, en un ambiente de tranquilidad y relax.

Castillo de Urquhart frente al lago Ness. Foto: Cedida por VisitScotland

No se desespere. Hay un viaje para su friki interior. Y desde cuidar elefantes o caballos en centros de recuperación de animales a viajar con maestros de la escritura, la pintura, el comic, las artesanías, la danza o la solidaridad hay todo un mundo viajero a su disposición.

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