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#Perú: Ruta literaria por Lima tras los pasos de Vargas Llosa


Caminar por la capital peruana es transformarse, a veces sin casi saberlo, en uno de los personajes que pueblan las escenas narradas por Vargas Llosa, como Zavalita en Conversación en la Catedral, El Poeta en La ciudad y los perros, o Pichula Cuéllar en Los Cachorros.
Esas tres exitosas obras del escritor hispano-peruano han sido escogidas por la Comisión de Promoción del Perú para la Exportación y el Turismo (Promperú) para que los turistas que visitan la Ciudad de los Reyes puedan recorrer las esquinas, avenidas y parques presentes en sus historias.

La ruta

El transitado y bullicioso cruce de las avenidas Tacna y Colmena, en el centro histórico de Lima, puede ser el punto de partida de la ruta, pues allí, entre los gritos de vendedores ambulantes y las bocinas de los automóviles que tratan de abrirse paso en el denso tráfico, es donde Zavalita se hizo la famosa pregunta.
“Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?”, escribió Vargas Llosa.
Por la Colmena, ahora conocida como Nicolás de Piérola, se llega hasta la Plaza San Martín, entre cuyos arcos estaba el desaparecido bar Negro Negro, donde Carlitos aseguraba haberse dejado sueldos enteros.
“Yo es la primera vez que vengo al Negro-Negro- dijo Santiago. Vienen aquí muchos pintores y escritores ¿no?”, y lo cierto es que continúan viniendo, pero a otros vetustos bares del centro de Lima que todavía perviven con aire nostálgico para acoger a los literatos más jóvenes y alternativos.
Una de las arquerías de la plaza San Martín en el centro de Lima (Perú). Foto: EFE/Ernesto Arias
Una de las arquerías de la plaza San Martín en el centro de Lima (Perú). Foto: EFE/Ernesto Arias
Desde ahí se puede enfilar el Jirón de la Unión, la calle mayor del centro de Lima, para jironear y buscar los balcones de las casas más centenarias, virtuosas piezas de madera que inspiraron a Vargas Llosa a escribir la obra teatral El loco de los balcones.
Desde el centro limeño se pasa al pudiente distrito de Miraflores, muy presente en casi toda la obra del premio Nobel, especialmente el llamado barrio Ferré, que todavía conserva algunas quintas, donde conviven varias familias, y bodegas, tiendas y comercios tradicionales, propios de un barrio de clase media.
Muy cerca está el bohemio distrito de Barranco, donde Vargas Llosa tuvo hasta hace poco su residencia en Lima, al igual que antes la tuvieron muchos escritores y artistas peruanos, como su contemporáneo Julio Ramón Ribeyro.
“Correr en las mañanas por el Malecón de Barranco, cuando la humedad de la noche todavía impregna el aire y tiene a las veredas resbaladizas y brillosas, es una buena manera de comenzar el día”, narra el premiado escritor en el comienzo de Historia de Mayta.
Fuera de los lugares establecidos en esta ruta hay multitud de sitios nombrados en las novelas de Vargas Llosa, como el colegio militar Leoncio Prado, situado también frente al océano, en el distrito de Magdalena del Mar, donde ocurre gran parte de La ciudad y los perros.
También están las cinco esquinas que dan título a su última novela, en Barrios Altos, cercano al centro de Lima, con su majestuosa Quinta Heeren, mansión que en décadas anteriores fue casa de adineradas familias y sede de importantes embajadas, pero ahora venida a menos por la degradación e inseguridad de sus calles.
Al costado de Miraflores se puede caminar por el popular distrito de Surquillo, cuyas callejuelas aledañas a su mercado, como el jirón Dante, también aparecen en muchos pasajes para mostrar esa parte limeña de clase trabajadora.
Con estos puntos, la ruta de la Lima de Vargas Llosa está marcada para todo aquel que tenga un mapa, un libro del escritor hispano-peruano y ganas de caminar por una de las capitales más grandes de Suramérica.
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