Luhacovice, el centenario balneario checo que apuesta por la renovación


Luhacovice es un enclave de los Cárpatos Blancos, conocido por sus aguas minerales especiales que contienen sales y elementos que facilitan la eliminación de la mucosa en las vías respiratorias y del sistema digestivo, y sirven también para tratar artrosis, diabetes y enfermedades cancerígenas.
Sus efectos benéficos se documentaron ya en el siglo XVII, y poco después un noble del lugar, Ondrej Serényi, protegió los valiosos veneros con mampostería y empezó a embotellar las aguas “Vincentka” y “Amandka”, que aún hoy son muy conocidas en la región.
Lo aislado del lugar, a 300 kilómetros al suroeste de Praga, y su difícil acceso hizo que la actividad de balneario se desarrollara lentamente y no tomara forma hasta finales del siglo XVIII, de la mano otra vez de la familia Serényi, que invirtió en el negocio.
En 2016 Luhacovice fue visitado por 109.000 personas, de los cuales unos 10.000 fueron pacientes y otro 99.000 turistas, según datos de la Oficina Estadística de la República Checa. La inmensa mayoría de los visitantes son checos o eslovacos, y sólo un 17 % provienen de otros países.
La fuente del doctor Stastny era un antiguo géiser que llegaba hasta 20 metros. Hoy sus aguas minerales se utilizan en procedimientos curativos con inhalación. Foto: EFE/Gustavo Monge
La fuente del doctor Stastny era un antiguo géiser que llegaba hasta 20 metros. Hoy sus aguas minerales se utilizan en procedimientos curativos con inhalación. Foto: EFE/Gustavo Monge

Luhacovice cursa una solicitud a la Unesco

Luhacovice es también conocido por sus obleas, hojas muy delgadas de masa de harina, agua y azúcar que se rellenan con diferentes sabores, como chocolate con chile, frambuesa, piña o plátano.
Uno puede alojarse en los hoteles que hay diseminados por el parque del balneario, que tiene una extensión de 20 hectáreas, o en hotelitos, muchas veces en la lista del edificios protegidos.
Luhacovice ha cursado además solicitud a la Unesco para que todo el balneario forme parte del patrimonio cultural de la humanidad.
Imagen de la Casa de Smetana, construida en el balneario de Luhacovice entre 1908 y 1912 en honor del compositor checo Bedrich Smetana. Foto: EFE/Gustavo Mongef
Imagen de la Casa de Smetana, construida en el balneario de Luhacovice entre 1908 y 1912 en honor del compositor checo Bedrich Smetana. Foto: EFE/Gustavo Mongef
El Hotel Popper, la Kolonada o Casa de Jurkovic crean un ambiente anclado en el pasado que hace que la industria de cine utilice a menudo el lugar, sin necesidad de fabricar decorados, para sus producciones de época.
Pero este entorno de ensueño también ha sabido librar la batalla con la modernidad y la principal empresa del sector que opera aquí, SPA & Wellness Nature Resorts, obtuvo en 2016 el premio a la mejor innovación europea en el ámbito del spa, que otorga ESPA, la Asociación Europea de Spa.
Y más allá de su interés turístico y medicinal, Luhacovice tiene cierta importancia histórica en la creación de la antigua Checoslovaquia, escindida en 1992 entre República Checa y Eslovaquia tras cuatro décadas de comunismo.
Situado a 300 kilómetros al suroeste de Praga, Luhacovice recibió más de cien mil personas en 2016, según datos de la Oficina Estadística de la República Checa. Foto: EFE/ Gustavo Monge.
Situado a 300 kilómetros al suroeste de Praga, Luhacovice recibió más de cien mil personas en 2016, según datos de la Oficina Estadística de la República Checa. Foto: EFE/ Gustavo Monge.
“Aquí cobró fuerza la idea de que checos y eslovacos tienen cosas en común, que son cercanos, unas ideas que ya concibió en el siglo XIX (el primer presidente checoslovaco) T.G. Masaryk, pero entonces estaba sólo en el intento”, explica a Efe Blanka Petrákován, estudiosa del Museo de Luhacovice-Zalesi.
Fueron cientos de personas las que participaban en esas reuniones patrióticas de la organización paneslavista “Unidad Checo-Eslava” celebradas en Luhacovice entre 1908 y 1914, cuando esta región todavía formaba parte del Imperio austro-húngaro. Esta organización generó declaraciones y resoluciones y, sobre todo, contribuyó a acercar a checos y eslovacos para construir un futuro común.
Los participantes se dedicaron luego a influir en lugares neurálgicos de la emigración checoslovaca durante el comunismo, como Estados Unidos, que resultaron decisivos para sacar adelante el proyecto de país.
Luhacovice ha cursado solicitud a la UNESCO para que todo el balneario forme parte del patrimonio cultural de la humanidad. Foto: EFE/Gustavo Monge.
Luhacovice ha cursado solicitud a la UNESCO para que todo el balneario forme parte del patrimonio cultural de la humanidad. Foto: EFE/Gustavo Monge.
Entre los que llegaron a Luhacovice atraídos por esas ideas paneslavistas, y por el efecto benéfico de sus aguas minerales, se cita al compositor Leos Janacek (1854-1928), que compuso aquí una de sus piezas más importantes, la “Misa Glagolítica”.
Pero la persona que más ha marcado las líneas estéticas de Luhacovice fue el arquitecto eslovaco Dusan Jurkovic (1868-1947), que trabajó en el balneario entre 1901 y 1907, y diseñó nueve edificios de nueva planta y adaptó cinco ya existentes.
Este año, Luhacovice celebra el 150 aniversario del nacimiento de Jurkovic, una de las personalidades de la arquitectura europea moderna, y que en Luhacovice dejó obras como La Casa de Jurkovic, El Balneario del Sol y el Pabellón Musical.
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